—--------------------------------------------------------------------- «Los mapas terminan donde empieza la distancia.» Buenos Aires, 1900 —--------------------------------------------------------------------- El expediente llegó un martes. No había en esto nada extraordinario. Los martes llegaban expedientes sobre tierras fiscales, nombramientos, límites, escuelas que no existían y caminos que acaso existieran algún día. El subsecretario Molina había aprendido que la República era, en buena medida, una sucesión de carpetas atadas con cintas. Aquella llevaba una cinta azul. En la tapa decía: TERRITORIO DE LOS ANDES Debajo, alguien había escrito a lápiz: Antecedentes relativos a la Puna de Atacama. Molina abrió la carpeta. Encontró notas diplomáticas, copias de tratados, informes militares y un mapa plegado cuatro veces. Lo extendió sobre la mesa. El mapa ocupó casi todo el escritorio. Durante algunos minutos lo contempló con la resignación de quien ha recibido una herencia. —¿Eso es nuestro? ---preguntó el doctor Sarmiento. Molina levantó la vista. Sarmiento estaba junto a la ventana. No era pariente del antiguo presidente, aunque dedicaba bastante tiempo a aclararlo. Trabajaba en Límites desde hacía doce años y tenía la costumbre de desconfiar de los mapas. —Ahora sí ---dijo Molina. Sarmiento se acercó. La superficie incorporada parecía considerable. Había nombres escritos con una letra diminuta: Susques, Catua, Pastos Grandes, Antofagasta de la Sierra. Más allá aparecían Chile y Bolivia. Hacia el oeste, después de una extensión de montañas, estaba el océano. —¿Cuánto hay hasta Buenos Aires? Molina buscó una escala. —Mucho. —Eso no es una medida. —En este caso me parece bastante exacta. Sarmiento sonrió. Entró el secretario con
Fragmento de lectura · edición 1.0.0
Donde empieza la distancia
Fin del fragmento público
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